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El Bosque encantado

Actualizado: 7 de dic de 2020

Cuando niño uno sueña y juega imaginando lugares que sólo se ven en los cuentos, bosques mágicos con un encanto particular y que están llenos de árboles encorvados y llenos de musgos que caen por sus ramas como si fuesen viejos brazos aletargados por el tiempo. Olor a humedad eterna, cielo que apenas se asoma por copas de árboles que no se ven entre tanta telaraña de troncos entrelazados, senderos serpenteantes y que van invitando a descubrir qué hay más allá.




Pequeños ríos avanzan inexorablemente entre las piedras y los árboles fluyendo casi sin emitir ruido, como si el sonido fuese un pecado capital, susurrando apenas para no despertar algún monstruo mágico y terrible que debe dormir en alguna cueva oculta en los límites del bosque.

Pareciera a cada paso que fuese a aparecer un hada mágica con su varita para concedernos unos deseos o bien veremos algún dragón volando por sobre nuestras cabezas, a veces los más imaginativos pueden sentirse como en una búsqueda de algún tesoro como el santo grial o la famosa espada excalibur, esperando encontrar detrás de un árbol mágico al famoso mago Merlín.



Paso a paso descubrimos los encantos de este bien llamado “bosque encantado” pero sin embargo no tenemos ni siquiera la mas mínima idea de qué nos depara el destino cuando lleguemos al final del camino.


Una vez recorrido todo el sendero dentro del bosque se nos descubre algo raro, el sonido del agua, un torrente más fuerte y preciso, y cuando menos lo esperamos el bosque que nos envolvía se queda atrás, casi sin notarlo.

Ahora estamos frente a un río en pendiente que va recorriendo rocas y las deja húmedas y resbalosas pero que sin embargo van formando un camino como invitándonos a cruzar, y lo hacemos.



Al otro lado del río vemos un nuevo bosque pero recorremos sólo la ladera entre matorrales, a mano derecha vemos un valle extenso rodeado de montañas rocosas y verdes y al otro lado, cuando vamos cruzando entre las piedras nos damos cuenta de ese regalo mágico que el bosque estaba ocultando, lo que estábamos esperando, esa cueva del dragón de leyenda, la espada en la piedra o el hada reina.

Un turquesa lago desde el cual nace ese río torrentoso, rodeado de mucha roca gris, y tras de él, a sólo unos cientos de metros, lo cual quiere decir “al lado” vemos un enorme, blanco, sólido y majestuoso glaciar colgando desde las cumbres de piedra.




Bajo este enorme glaciar que nos observa desde la altura caen cascadas en hilos de agua bañando el lago, el lago de los gnomos. Se dice que en época de invierno este lago se congela y los trozos de hielo que han caído o se han generado forman pequeñas estructuras que parecen duendes congelados.

Todo lo que del bosque encantado se ha dicho no tiene relación con lo visto, realmente es más maravilloso, es un espectáculo de descubrimiento y nos invita a cada paso a imaginar una aventura, a adentrarnos en algún cuento mágico personal, a visitar nuestro propio interior para ir observando detrás de cada árbol alguna sorpresa para finalmente regalarnos un espectáculo visual de antología. El Bosque encantado te encanta.




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