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Laguna del Laja - La belleza y la tragedia

Actualizado: 7 de dic de 2020

No hay nada en el mundo que genere un sentimiento tan global como sea la misma muerte, aquella que arranca seres queridos, la que deja sensaciones de vacío y sufrimientos que no se acallan, sobre todo si cuando llega es de forma abrupta, intempestiva y dolorosa.

Es parte de la historia de este lugar, en el Parque Nacional Laguna del Laja en el año 2005, en un frío mes de mayo en pleno invierno. Cerca de 400 conscriptos del Regimiento Reforzado n°17 Los Ángeles que cumplían con el servicio militar obligatorio realizaron una travesía de instrucción a través del valle a los pies del Volcán Antuco encontrándose con un frente de mal tiempo que bajó las temperaturas a cerca de -35° en conjunto con una nevazón y viento blanco. 44 de estos jóvenes y un Sargento fueron cayendo en el trayecto hacia el refugio, constituyéndose en la segunda catástrofe militar en tiempos de paz en Chile desde 1856.



Laguna del Laja impresiona, es un enorme valle en las faldas del Volcán Antuco 2 el cual emergió luego de la violenta explosión del Antuco 1 que generó el embalsamiento de la laguna y definió la topografía del lugar.



El volcán se yergue majestuoso, en el medio del Parque y es el que domina con su altura y presencia cada giro en el camino, el cual lo recorre en todo su borde uniendo la Comuna de Antuco con el Paso Internacional Pichachén, cercano al sector Los Barros en donde se encuentra el refugio militar.




Desde su acceso se aprecia la naturaleza dominante, Ciprés de la Cordillera y las primeras Araucarias del Sur de Chile, el estero El Toro y el inicio del Río Laja que nace en la Laguna y desembocará más abajo en los conocidos “Saltos del Laja”, un paisaje verde, azul y rocoso que inevitablemente invita a detenerse cada ciertos metros para apreciar una nueva vista, quebradas, montañas, nieve, caminos que recorren la solidificada lava, valles, la impresionante Laguna de color esmeralda, verde y azul, nubes que cubren y se dispersan, avanzan rápidamente dando paso a los rayos del sol y generando sombras en movimiento, un trayecto que avanza y se detiene, que apura y contempla.


La laguna del laja es un enorme espejo de agua que se encuentra rodeado de montañas de colores rocosos y tierra, a veces verdes con la inquieta flora que supera las inclemencias climáticas, tranquila, suave y enigmática y que por su forma produce entrantes y salientes y es imposible tener una vista total de ella lo cual le da el atractivo de ir encontrándola y conociéndola de a poco, desde su borde o desde las alturas, reflejando el cielo en sus aguas de colores, un oasis en medio de la roca magmática.



En el medio de este camino entre el acceso y el Sector Los Barros se encuentra el Memorial de la Tragedia reciente, un simple gesto dentro de tamaña inmensidad con los nombres de cada uno de los valientes que perdieron su vida en este imponente paisaje, sin embargo el monumento es sólo una parte ya que en el camino se van apreciando los lugares en donde cada uno de ellos fue encontrado cuando ya el clima lo permitió, un camino de dolor, un vía crucis marcado por los nombres de aquellos que ya no están, en un paraje que se transforma en soledad, atrás queda el valle boscoso y da paso a la planicie deshabitada, la mezcla del dolor y la muerte con la belleza natural genera una sensación extraña y solemne.



Un lugar que se transforma en memoria, las nubes moviéndose que generan sombras en el suelo, como recuerdo de cada joven que falleció en su indómito paraje, esa tranquilidad que sólo puede otorgar la muerte y que al cerrar los ojos y escuchar el ruido del viento produce una inquietante calma y al mismo tiempo un deslumbramiento ansioso.

Continuando con el recorrido de este camino de belleza y desolación y llegando a uno de los bordes del volcán encontramos el Valle que conduce hacia el sector sur en donde al fondo, oculto detrás del Antuco podemos apreciar el estratovolcán Sierra Velluda con sus dos cumbres distintivas y en el medio de ellas su Glaciar. Este Valle tiene una particularidad que es encontrar la que se ha llamado “la Araucaria Solitaria” o “La primera Araucaria”, ya que este sector es donde podemos ver este hermoso árbol iniciando su avasallador paso a lo que será la Región de la Araucanía. Ahí solitaria y no tan alta como sus milenarias compañeras más al sur, al borde de un estero y dominando la naturaleza a sus pies en colores verdes, café y amarillo como una alfombra dispuesta para rendirle honores.




En el Parque Nacional hay sitios para acampar en su acceso, sector llamado “Lagunillas” en donde también se encuentran cabañas equipadas y un recinto de servicios, todo de muy buena calidad y con una acogedora atención, inmerso en un paisaje esplendoroso y tranquilo. En época de invierno también se encuentra abierto el Centro de Ski Antuco con todos sus servicios disponibles. Desde acá se pueden hacer senderos de trekking de baja a alta dificultad en tiempo y distancia, ya sea para recorrer hacia la Araucaria o ascendiendo al Volcán Antuco o Sierra Velluda asi como otros hacia saltos o bordeando los cauces de agua. También es posible continuar hacia el paso Internacional y llegar a Neuquén en Argentina.



En resumen, un Parque Nacional que cuenta una historia de vida y muerte, que se mezcla con la belleza de sus paisajes como un poema de tragedia y amor, en donde en su camino se puede palpar a cada uno de aquellos jóvenes respirando la tensa calma de la soledad y la inevitable sensación de inmensidad, un lugar de melancolía, de introversión y al mismo tiempo de regocijo de la vida y de omnipresencia, en donde Dios puso cada elemento del edén y guardó para siempre a aquellos valientes dentro de su creación.





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