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Torres del Paine - Lugares que enamoran

Actualizado: 7 de dic de 2020

Torres del Paine es de esos lugares que uno tiene que conocer en la vida, de aquellos en donde uno se enamora y enamoran.

Anclado en el extremo sur del largo y angosto Chile el macizo del Paine se yergue majestuoso frente a frondosos árboles, lagos que parecen espejos, glaciares que invitan a caminarlos y nieves eternas en las cumbres.



Según las intenciones (y capacidades físicas) de cada uno se puede optar por mirar la gigantesca escenografía que componen los cuerpos del Monte Almirante Nieto, Cuernos del Paine y Paine Grande desde cualquier parte de la ruta, entre hoteles y campings, o bien si se atreven, se puede recorrer por completo en rutas como las conocidas W y O.




En sus trayectos de trekking de varias horas (se recomienda ir liviano, bien equipado, todo el resto sobra) se recorren maravillas como el Lago Nordenskjöld, El Valle del Francés, Base Torres, Glaciar Grey (en la W) y también Dickson, Laguna Paine o Laguna Azul (en la O que incluye también la W en donde se puede apreciar todo desde el norte).




Trayectos llenos de paisajes deslumbrantes, paredes de roca con nubes apocalípticas en el cielo que pasan desinteresada y rápidamente producto de los vientos (sobretodo en verano) que pueden llegar a botar a alguien desprevenido, subidas y bajadas, a campo despejado o entre árboles milenarios, reflejos perfectos en los lagos de color verde, lluvia y sol una y otra vez en un solo sendero, personas caminando con el mismo interés de someterse al testeo de sus propias capacidades.





Una vez consumada cada ruta se produce esa sensación de felicidad, calma y satisfacción, acompañado todo de la magnificente presencia de esas montañas patagónicas que se han visto labradas en sus milenios de vida por el ataque constante del cambiante clima.

Es verdad que a veces es frustrante, caminar por horas y avanzar muy poco, pero el estar en contacto con un ambiente tan maravilloso como enigmático hace que las fuerzas por muy decaídas que se encuentren, tomen nuevos bríos y den impulso para seguir adelante.

Pero no todo es un sufrimiento, si se recorre el Parque por su vía vehicular, las Torres aparecen en cada recta y cada curva, se puede acampar o estar cómodamente en un hotel, tomar excursiones de poco rato y otras mas largas, o bien hacer trekkings mas cortos en donde hay acomodaciones privadas como Domos, refugios o campings , también están los campamentos de CONAF gratuitos, es decir, hay para todos los gustos.



Nosotros hicimos ambas cosas, recorrimos cerca de 36km, casi 18 horas en 4 días, visitando las faldas de las montañas, viendo glaciares, lejanas cascadas fuera del alcance del hombre, lagos impactantes, vientos que no nos dejaban avanzar, sufrimos la lluvia y el sol, acampamos en contra de ráfagas que lo botaban todo y finalmente pudimos descansar en un hotel viendo desde lejos (pero no menos impactante) todo el panorama sin poder creer lo que habíamos hecho (para nosotros, no acostumbrados al trekking fue todo un experimento de resistencia que logramos aprobar con mucho esfuerzo).



Como fotógrafos, Torres del Paine, es un paisaje de aquellos que a cada minuto nos sorprende, el clima cambiante genera diversas situaciones que si uno está atento es capaz de presenciar sólo una vez. En verano los atardeceres continúan por horas, el sol se esconde tipo 23.30 y a las 4.30am ya está saliendo nuevamente, al contrario del invierno que es crudo, impredecible y en donde a las 18.30 ya la luz escasea casi por completo.

Hemos ido ya dos veces a presenciar la magia visual que significa este lugar, y queremos volver muchas mas, siempre queda algo nuevo por descubrir, algo más que uno quiere hacer, siempre hay un paisaje diferente aunque las Torres sean inamovibles, es eso que decíamos al principio, uno de esos espectáculos visuales que enamoran y que uno no puede dejar de ver una y otra vez, para disfrutarlo, conocerlo, cuidarlo, hacerlo propio y sobretodo para quienes lo experimentan en sus rutas de caminatas, nos da la posibilidad de conocernos internamente, explotar las posibilidades, ponernos en duda e incitarnos a ser más, a poder más, a dar más.



Queremos invitar a todos los amantes de la naturaleza, a los aventureros no necesariamente extremos, a quienes quieren darle un sentido propio a una experiencia, a quienes aman los paisajes y a quienes les gusta viajar, a conocer este hermoso lugar, que de seguro les dará todas las satisfacciones que esperan y los dejarán con el ímpetu para más. Vengan a conocer Torres del Paine, solos, con su pareja, con sus hijos, con amigos, enamórense del lugar y enamórense de si mismos, el viaje, como todas las cosas buenas en la vida, vale la pena.



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